No saber a qué estamos llamados es una cuestión que, a medida que crecemos , se vive con cierta angustia. Todos necesitamos encontrar nuestro lugar en el mundo y los testimonios de aquellos con los que, de algún modo nos identificamos pueden ser, en ocasiones, un bálsamo. Esa es, al menos, nuestra pretensión cuando año tras año se lleva a cabo la semana vocacional. El trabajo se realiza en dos direcciones. Desde la tutoría se reflexiona sobre aquellos aspectos que nos importan y creemos indispensables para tener una vida feliz. Desde el testimonio contamos con la inestimable participación de padres, antiguos alumnos, hermanos Maristas…que acercan sus realidades a las aulas y contribuyen, sin duda, a llenar esas parcelas de incertidumbre.

Una experiencia interesante porque no siempre tenemos la ocasión de reflexionar sobre nuestra propia vocación y, como educadores, necesitamos de ese ejercicio para que nos sea lícito transmitir valores de honradez y servidumbre. Para que esos valores existan en cada uno de nuestros alumnos por vocación.