“Cuando pienso en el hogar, lo primero que me viene en mente es recordar la incansable entrega de mi madre al servicio y cuidado de cada uno de los miembros de la familia. Pienso también en la preocupación constante de mi padre para procurar nuestro desarrollo y crecimiento. Mi hogar fue el lugar donde me sentí muy querido, donde aprendí a ser “yo mismo”, donde era acogido, cuidado y, a veces, también corregido. En la convivencia con mis hermanos y hermanas me entrené para desarrollar la generosidad y la capacidad de compartir, aprendí a aceptar las diferencias, a disfrutar del juego y de la sana convivencia, así como a experimentar la reconciliación y el perdón.” 

Hogares de Luz. Cuidamos la vida y generamos nueva vida. H. Ernesto Sánchez Barba, Superior general de los HH. Maristas 

Delante de ti se encuentra la propuesta educativa que las Provincias Maristas de la Región Europea ofrecemos como lema común para trabajar durante el curso. Un lema que nace con la ilusión de dar respuesta a la realidad en la que vivimos. Si cogemos los medios de comunicación y las redes sociales, podríamos llegar a la conclusión de qué es lo que hoy se vive en nuestra región: tensión social, polarización en la opinión, extremismos políticos e ideológicos, el tener que ser un “hater” o un “follower”, señalar la diferencia como algo por lo que ser superior o inferior…. 

La propuesta marista, es la de ser una casa donde quepan todos, y donde además todos se puedan sentir en casa: cuidados, acogidos, tenidos en cuenta, celebrados por sus diferencias… Y no solo, en cada colegio o realidad local, si no que esta es una casa que es una gran familia global. Una experiencia que tiene su centro en como Jesús acoge y acompaña incluso a los más señalados socialmente, y es ejemplo de mirada atenta a la persona, inclusiva. Una experiencia a la que hemos sido llamados en nuestros últimos escritos maristas, a ser “hogares de luz” y faros (lighthouse) de esperanza. 

En el proceso de reflexión de este lema, resonaba en nosotros cómo gran parte de nuestros niños, niñas y jóvenes sienten los espacios educativos como su casa. Cómo muchas familias en el contacto directo con nuestros educadores señalan que sus hijos e hijas pasan “más tiempo aquí que en casa”, o “sienten este lugar como su casa”, o “lo marista para ellos es una gran familia”. 

Estar en casa, es sentirte cómodo, cuidado, protegido, valorado, querido, reconfortado, tranquilo, libre, parte de algo, protagonista, celebrado, respetado, escuchado, proactivo, reconocido… ¿Cómo no vamos a querer sentirnos en casa? Y no solo nuestros niños, niñas y jóvenes, también nosotros, educadores, y las familias, y todos los miembros de la comunidad educativa. Es una forma de ser y estar en el mundo que deseamos que también se contagie a nuestros barrios, parroquias, ciudades, Iglesia, mundo. 

No sería una verdadera casa, si no lo fuera para todos y cada uno de los que formamos parte de ella. La gestión de la diferencia es un valor fundamental en nuestra casa. Permitir que cada persona potencie su propia identidad, cuidando todas sus dimensiones.  Supone educar para SER en un mundo que es diverso. La naturaleza, las culturas, las sociedades, las capacidades de las personas son diversas. Y, en esa realidad, nos sentimos y estamos llamados a crear ambientes de crecimiento y de convivencia para todos y cada uno de nuestros niños, niñas y jóvenes.  

Como Maristas de Champagnat la inclusión ha de ser uno de los retos a tener siempre presentes, una búsqueda constante para responder a las necesidades presentes en cada momento. Se trata de “acompasar igualdad de derechos con equidad”1un reconocimiento de la diversidad humana como un valor y un principio ético y evangélico. 

Es una llamada a transformar las vidas mediante la educación sin dejar a nadie atrás; es lo que expone el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4: “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. 

Pensar en nuestra casa, en nuestros centros educativos, como lugares con variedad de opciones sobre qué y cómo aprender. Dando paso a procesos participativos en los que aprendemos a dialogar como iguales, a compartir y a ser responsables. Un lugar que se convierte en un gran nosotros porque ofrecemos oportunidades para que el alumno interactúe y coopere, piense con otros, dialogue, se emocione y disfrute; contextualice lo que está aprendiendo a través de experiencias reales y prácticas, investigando y experimentando, resolviendo problemas o llevando a cabo proyectos de diversa naturaleza, integrando y aplicando a problemas reales las capacidades aprendidas. 

Una casa abierta; lo que conlleva implicar a todas las instituciones, organizaciones y grupos de la comunidad en el diseño de proyectos que se pueden generar dentro y fuera del centro, donde todos participen y se favorezca el desarrollo en los distintos contextos. Una casa que favorece el camino hacia una concepción de la educación como tarea compartida por familias, escuela y otras instituciones sociales comprometidas con la educación. 

Para que todos se sientan en casa, queremos generar entornos de participación y comunicación con las familias para que conozcan más el funcionamiento del centro, se sientan parte de él, se involucren junto a sus hijos e hijas en las experiencias de aprendizaje, sientan a los educadores como colaboradores en la tarea más importante de su vida: la educación de sus hijos e hijas. 

Y para que todos se puedan sentir en casa, todos deben estar protegidos y seguros. Por eso, nos comprometemos a tomar todas las medidas necesarias para promover el bienestar de los niños, niñas y jóvenes, defender sus derechos y generar entornos seguros. Ponemos especial atención en la formación y sensibilización de toda la comunidad educativa para la prevención y detección, protocolos de actuación, apoyo a los niños, niñas y jóvenes y asesoramiento a la familia. Un lugar donde nos relacionarnos desde el buen trato entre nosotros, especialmente a los más pequeños y aquellos que están situación de riesgo. 

Esto… es más que una frase hecha. Es algo sentido en lo más profundo de nuestro ser. Es saber que aquí, en Maristas, de verdad y con todo lo que significa… estás en tu casa. Es un lugar al que sientes que perteneces, que vives como tuyo, que es parte fundamental de quien eres. Todo se resume en esto, no es una casa cualquiera, es la tuya. Estás en casa.