Imaginad por un momento a los niños y niñas vestidos con delantales y sombreros camperos, listos para adentrarse en el mundo de la siembra y el cuidado de su propio huerto escolar… ¿Podéis palpar la emoción en sus ojos?

Durante las últimas semanas nos hemos metido de lleno en el desarrollo de nuestro Proyecto Huerto y hoy queremos compartir una de las actividades más entrañables que han vivido nuestros peques en primera persona. Durante varios días, contando con la amable y atenta colaboración de los padres de Cristina, nuestra profe de música, han dado vida al huerto escolar plantando diferentes verduras y hortalizas con sus propias manos, creando así un rincón lleno de naturaleza, aprendizaje y diversión.

Han hecho los surcos, han sembrado y han regado. Desde el primer contacto con la tierra han experimentado sensaciones únicas: el aroma fresco, la textura entre los dedos… ¡todo un festival de colores y texturas!

Pero, realmente, más allá de la tierra y las plantitas, nuestros peques han cultivado valores y habilidades fundamentales: han aprendido sobre la importancia del cuidado, la paciencia y el trabajo en equipo. Cada paso, desde la siembra hasta el crecimiento de las plantas, ha sido una lección de vida.

Y es que esta actividad no solo ha nutrido sus mentes curiosas, sino que también ha fortalecido su conexión con la naturaleza y el ciclo de la vida.

Desde el Equipo de Infantil nos sentimos emocionadas al compartir con vosotros este viaje de descubrimiento y crecimiento por el que nos está llevando este proyecto, dejando en evidencia que el huerto no es solo un lugar donde cultivamos vegetales, ¡sino también valores, amistad y aprendizaje!

¡Gracias por seguir apoyándonos en esta maravillosa aventura!