ADVIENTO, ¿UNA NOVEDAD? “Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor de Dios”. Hemos iniciado el tiempo de Adviento, un tiempo que nos prepara para la celebración de la Navidad. Podemos caer en la tentación de “otra vez la Navidad”, “otra vez los adornos, las compras, las luces,…”, “otra vez las cenas, las fiestas,…”, “otra vez los villancicos, qué horror,…”. ¿Puede haber algo nuevo este Adviento, durante esta Navidad? Es más, ¿puede haber algo nuevo en nuestra vida? Estamos acostumbrados a la rutina, a la repetición, a lo de siempre. Y la verdad es que todos necesitamos un poco de eso, necesitamos estar seguro de lo que va a pasar. ¿Estas seguro en todas tus cosas?¿Sientes que controlas toda tu vida?¿Realmente hay algo que te pueda sorprender, o lo has “vivido todo”? El Señor viene a ti, viene a nosotros para darnos vida, para darnos su espíritu de prudencia y sabiduría, de consejo y valentía. ¿Lo quieres? Él nos está buscando, Él es quien busca, cada día, en cada ocasión. ¿Es lo mismo de siempre? Cada día, cuando te levantas, lo que le dices a tu marido, a tu esposa, a tus hijos, ¿es lo mismo, lo de siempre, y lo dices por rutina? ¿O lo dices por amor? Cada día el Señor viene a nosotros para nacer en nuestro corazón, por amor. ¿Puedo escucharlo? El tiempo de Adviento nos ayuda a escucharlo, a preparar el pesebre donde Jesús quiere nacer, si le dejas. Tres cosas para esa preparación: uno, la oración, ponerse en presencia de Dios, dejarle hablar. Dos, la caridad. No demos de lo que nos sobra. Atrévete a dar tu tiempo, tu dinero. Tres , bendecir. Cuando nos reunimos con más gente, ¿bendices o criticas? Habla de forma nueva, bendice, habla bien de la gente. En este año que celebramos el 200 aniversario de los Maristas en el mundo, se nos invita mirar hacia el futuro con esperanza, sabiendo lo que Dios ha hecho en nosotros. Un futuro donde se pueda vivir en el amor, en la caridad, un futuro donde podamos escuchar a la gente, escuchar a Dios, un futuro donde podamos hablar bien, decir bien, bendecir. En al primera comunidad de hermanos maristas, en el pequeño pueblo de La Valla, surgió un espíritu de fraternidad, bajo el amparo de la Virgen María, nuestra buena madre. Dejemos sorprendernos por el Espíritu del Señor que viene a nosotros, como sorprendió a María. Que podamos decir como ella: “Señor, hágase en mí según tu voluntad”.   Fotos| INAUGURACIÓN BELÉN